Locke y la filosofía de la mente (I): ¿Puede pensar la materia?
1. Locke frente al problema de la relación entre mente y cuerpo
John Locke (1632-1704) es uno de los principales representantes del empirismo moderno. Sin embargo, su importancia para la filosofía de la mente va más allá de su teoría del origen de las ideas. Locke también plantea preguntas acerca de la naturaleza del pensamiento, la relación entre mente y cuerpo y aquello que constituye nuestra identidad personal.
En su Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), Locke desarrolla dos propuestas que resultaron importantes para la filosofía de la mente.
La primera aparece en el libro IV, capítulo 3, sección 6, donde considera una posibilidad que provocó controversias entre sus contemporáneos: quizá la materia, cuando está organizada de determinada manera, pueda pensar.
La segunda aparece en el libro II, capítulo 27, incorporado en la segunda edición del Ensayo: su teoría de la identidad personal, según la cual debemos distinguir la identidad de una persona de la identidad de la sustancia —material o inmaterial— que piensa.
Ambas propuestas están relacionadas porque ponen en cuestión una presuposición del dualismo de sustancias: que el pensamiento pertenece necesariamente a una sustancia inmaterial.
Recordemos el problema que habíamos encontrado en Descartes. En las Meditaciones metafísicas, Descartes llega a la conclusión de que puede conocer su propia existencia como una cosa que piensa, incluso cuando todavía duda de la existencia de su cuerpo. Posteriormente, defenderá la distinción real entre mente y cuerpo.
Locke introduce una dificultad distinta. Aunque aceptemos que pensamos, ¿cómo podemos saber qué clase de sustancia realiza esa actividad?
¿Tenemos razones suficientes para afirmar que la materia es incapaz de pensar?
Esta pregunta constituye el punto de partida de nuestra discusión.
2. Los límites de nuestro conocimiento:
¿sabemos qué es lo que piensa?
Locke considera que nuestro conocimiento de las sustancias es limitado. Podemos tener ideas de la materia y del pensamiento, pero eso no significa que conozcamos suficientemente la naturaleza de aquello que piensa.
En el libro IV del Ensayo, plantea dos posibilidades.
Por una parte, Dios podría haber creado una sustancia inmaterial capaz de pensar y haberla unido al cuerpo. Esta posibilidad resulta compatible con el dualismo cartesiano.
Por otra parte, Dios podría haber otorgado la capacidad de pensar a un sistema de materia organizado adecuadamente. En ese caso, el pensamiento no necesitaría una sustancia inmaterial distinta del cuerpo.
Según Locke, no podemos determinar mediante el examen de nuestras ideas cuál de estas posibilidades es verdadera.
Esto introduce una distinción epistemológica: afirmar que una hipótesis es verdadera, afirmar que es posible y afirmar que no podemos descartarla son cosas diferentes.
Locke no demuestra que la materia piense. Tampoco sostiene que el ser humano sea únicamente una máquina material. Su afirmación es sólo que nuestro conocimiento no permite excluir que la materia pueda recibir la capacidad de pensar.
Esta posición resulta interesante frente a Descartes. Mientras que el dualismo cartesiano pretende establecer una distinción metafísica entre pensamiento y extensión, Locke cuestiona que podamos determinar la naturaleza de la sustancia pensante únicamente a partir de nuestras ideas.
3. ¿Significa esto que Locke es materialista?
Una interpretación contemporánea, defendida por Nicholas Jolley en Locke's Touchy Subjects (2015), sostiene que diversos pasajes del Ensayo y de la correspondencia de Locke con el obispo Edward Stillingfleet sugieren que Locke considera plausible una forma débil de materialismo.
Esta interpretación no implica que Locke reduzca el pensamiento al movimiento de partículas materiales.
Jolley propone una posición compatible con cierto dualismo de propiedades.
Conviene distinguir dos tesis:
Dualismo de sustancias: existen dos clases fundamentales de sustancias, la material y la mental.
Dualismo de propiedades: una misma realidad material podría poseer propiedades físicas y propiedades mentales, sin que estas últimas tengan que identificarse con las primeras.
Así, podría existir una sustancia material que poseyera la capacidad de pensar, aunque el pensamiento no fuera reducible a sus propiedades físicas ordinarias.
Es importante señalar que esta es la interpretación de Jolley, y que existen distintas lecturas sobre el alcance del compromiso de Locke con el materialismo.
Además, las motivaciones de Locke son también teológicas. Locke pretende mostrar que ciertas creencias religiosas no dependen necesariamente de demostrar la inmaterialidad del alma.
4. Una dificultad: ¿cómo puede la materia producir pensamiento?
Locke acepta en otro pasaje del Ensayo un argumento utilizado tradicionalmente por los dualistas: la materia, considerada únicamente en términos de sus propiedades mecánicas, no parece capaz de producir pensamiento.
El razonamiento puede reconstruirse así:
La materia posee propiedades como extensión, figura y movimiento.
Las interacciones mecánicas entre cuerpos producen movimientos y modificaciones de sus configuraciones.
El pensamiento, la percepción y la experiencia consciente no parecen ser simplemente movimientos o figuras.
Por tanto, no podemos explicar cómo el pensamiento surgiría únicamente de las propiedades mecánicas de la materia.
El artículo de la Stanford Encyclopedia of Philosophy que seguimos en esta exposición denomina a la idea que sostiene este argumento principio de homogeneidad (Homogeneity Principle).
Según este principio, una causa no puede producir por sí sola algo radicalmente distinto de aquello que sus propias capacidades permiten explicar.
Por ejemplo, si únicamente disponemos de partículas materiales en movimiento, parecería que solo podemos explicar nuevas configuraciones y movimientos de partículas.
Pero ¿cómo obtenemos a partir de esos movimientos una experiencia de dolor, la percepción del color rojo o un pensamiento?
Este problema continuará apareciendo en las discusiones contemporáneas acerca de la relación entre procesos físicos y experiencia consciente.
5. La aparente contradicción de Locke
Algunos críticos encontraron una tensión entre dos afirmaciones de Locke.
Por una parte, Locke sostiene que la materia, considerada por sí misma, no puede producir pensamiento. Utiliza esta idea en su argumento acerca de la existencia de un ser pensante eterno, es decir, Dios.
Conviene explicar brevemente ese argumento, desarrollado en el libro IV, capítulo 10 del Ensayo sobre el entendimiento humano.
Locke parte de nuestra propia existencia. Sabemos que existimos y que somos seres capaces de pensar. También sostiene que algo no puede surgir de la nada. Por tanto, debe haber existido algo desde la eternidad: si absolutamente nada hubiera existido, tampoco existiríamos nosotros.
Ahora bien, ese ser eterno debe ser capaz de explicar la existencia del pensamiento. Locke considera que una materia carente de toda capacidad cognitiva, por mucho que se mueva y reorganice, no podría producir por sí misma un ser pensante. El movimiento de partículas puede producir otros movimientos y configuraciones materiales, pero no explica el origen de la percepción o la inteligencia.
Por ello, concluye que debe existir un ser eterno que posea pensamiento. En el desarrollo de su argumento, Locke identifica a ese ser con Dios.
El razonamiento puede resumirse de la siguiente manera:
Existen seres capaces de pensar.
Algo debe haber existido eternamente, porque nada puede surgir de la nada.
Una realidad completamente carente de pensamiento no puede producir por sus propios recursos la capacidad de pensar.
Por tanto, debe existir un ser pensante eterno del que proceda, en última instancia, la existencia de los seres pensantes.
Este argumento explica por qué Locke considera que la materia, abandonada a sus propiedades mecánicas, no puede originar el pensamiento.
Pero aquí surge una dificultad. En otro pasaje del mismo libro, Locke sostiene que Dios podría conferir pensamiento a la materia.
¿No son incompatibles ambas afirmaciones?
Locke responde que no.
La distinción fundamental es entre dos posibilidades:
A. La materia que produce pensamiento por sus propios recursos.
B. La materia que recibe de Dios la capacidad de pensar.
Locke rechaza que la materia carente de pensamiento pueda producir por sí sola un ser pensante eterno. Pero considera posible que Dios otorgue capacidades cognitivas a determinados sistemas materiales.
De esta manera, intenta mantener tanto la necesidad de un ser pensante originario como la posibilidad de que existan criaturas materiales capaces de pensar.
Esta solución depende de una concepción teológica de la omnipotencia divina. Locke no ofrece una explicación física de cómo surge el pensamiento. Su argumento establece que no podemos declarar imposible que Dios haya conferido esa capacidad a la materia.
6. El problema también afecta al dualismo cartesiano
Locke observa que los dualistas consideran misterioso que la materia pueda producir pensamiento. Sin embargo, su propia teoría enfrenta una dificultad semejante.
Supongamos que aceptamos que existe un alma inmaterial.
Todavía debemos explicar cómo los movimientos del cuerpo pueden producir experiencias en esa alma.
Por ejemplo, cuando alguien acerca la mano al fuego, ocurren determinados procesos físicos en su cuerpo. Pero ¿cómo esos movimientos materiales producen una experiencia de dolor en una sustancia inmaterial?
El dualista podría responder que el dolor ocurre en el alma.
Sin embargo, eso deja pendiente el problema de la relación entre ambos tipos de sustancia.
Seguimos sin comprender cómo una modificación física del cuerpo puede producir una experiencia consciente en una sustancia de naturaleza completamente distinta.
Locke compara entonces las dos posibilidades.
Hipótesis materialista: la materia organizada posee la capacidad de pensar. Debemos explicar cómo los procesos materiales dan lugar a experiencias conscientes.
Hipótesis dualista: una sustancia inmaterial posee la capacidad de pensar. Debemos explicar cómo los procesos corporales afectan a esa sustancia y dan lugar a experiencias conscientes.
En ambos casos, la relación entre los movimientos corporales y las experiencias mentales resulta difícil de comprender.
La conclusión de Locke es que la hipótesis dualista no posee una ventaja explicativa evidente sobre la hipótesis de la materia pensante.
Ambas enfrentan dificultades que exceden los límites de nuestro conocimiento.
Esto no demuestra que ambas sean verdaderas. Sin embargo, plantea un problema para quien rechaza la hipótesis materialista por resultar incomprensible mientras acepta una explicación dualista que también contiene dificultades.
7. ¿Necesitamos un alma inmaterial para explicar la inmortalidad?
La última parte de esta discusión introduce una cuestión teológica.
Tradicionalmente, la inmaterialidad del alma se había relacionado con su inmortalidad. Si el alma es distinta del cuerpo, parecería que puede sobrevivir a su destrucción.
Locke cuestiona que esta demostración sea necesaria para preservar las creencias religiosas.
Su argumento es que, si Dios tiene el poder de crear seres conscientes, también podría devolverles la conciencia después de la muerte, independientemente de que el sujeto del pensamiento sea material o inmaterial.
Por tanto, la resurrección, el juicio y la responsabilidad moral no requieren necesariamente una demostración filosófica de la inmaterialidad del alma.
Según la interpretación de Jolley, esta es una estrategia de reconciliación: Locke intenta mostrar que la controversia entre materialistas y dualistas no tiene que resolverse para preservar determinados compromisos religiosos.
8. ¿Qué podemos saber acerca de la naturaleza de la mente?
La discusión de Locke conduce a una dificultad epistemológica: sabemos que pensamos, pero ¿sabemos qué clase de realidad hace posible el pensamiento?
Descartes había defendido que la mente y el cuerpo son sustancias distintas. Locke considera que nuestro conocimiento de las sustancias es demasiado limitado para determinar si el pensamiento requiere necesariamente una sustancia inmaterial.
Esta diferencia tiene consecuencias para la filosofía de la mente. Si no conocemos suficientemente la naturaleza de la sustancia pensante, tampoco podemos descartar que el pensamiento sea una capacidad de ciertos sistemas materiales.
Queda pendiente, desde luego, explicar cómo sería posible. Pero el dualismo enfrenta una exigencia semejante: explicar cómo una sustancia inmaterial puede experimentar sensaciones a partir de los movimientos del cuerpo.
La discusión también deja abierta otra pregunta. Si el pensamiento pudiera pertenecer a una sustancia material, ¿qué ocurriría con nuestra identidad personal? ¿Seguiríamos siendo las mismas personas si cambiara la sustancia que piensa?
Esta cuestión ocupará un lugar central en la teoría de la identidad personal de Locke.
Referencias
Locke, J. (1690). An Essay Concerning Human Understanding.
Jolley, N. (2015). Locke's Touchy Subjects: Materialism and Immortality. Oxford University Press.
Stanford Encyclopedia of Philosophy. Some Issues in Locke's Philosophy of Mind. Suplemento de la entrada dedicada a John Locke.

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