Epistemología 9.1 Conocimiento a priori y conocimiento empírico (versión ampliada)

 

Conocimiento a priori y empírico

En este capítulo, Pritchard introduce una distinción clásica en epistemología: la diferencia entre conocimiento a priori y conocimiento empírico (o a posteriori). A primera vista, la distinción parece sencilla: algunos conocimientos provienen de la experiencia y otros no. Sin embargo, lo que realmente está en juego no es el origen psicológico de nuestras creencias, sino el tipo de justificación que las respalda. Se trata, en el fondo, de dos maneras distintas de conocer.

El conocimiento a priori es aquel que puede alcanzarse sin necesidad de investigar el mundo. Basta con reflexionar, analizar conceptos o seguir inferencias racionales. Cuando comprendemos lo que significa “soltero”, por ejemplo, advertimos inmediatamente que un soltero es un hombre no casado. No necesitamos salir a buscar casos ni consultar datos empíricos: la verdad de la afirmación se sostiene en el propio significado de los términos. Si alguien afirmara haber encontrado un “soltero casado”, no habría descubierto un hecho sorprendente sobre el mundo, sino que estaría confundiendo el uso de las palabras.

En contraste, el conocimiento empírico depende de cómo es efectivamente el mundo. Saber que el Trópico de Cáncer se encuentra en el hemisferio norte no es algo que podamos resolver mediante el análisis conceptual. Requiere consultar mapas, atlas o fuentes confiables. Es un conocimiento que exige contacto con la realidad, no solo reflexión.

Lo importante, como subraya Pritchard, es que la diferencia no reside en el contenido de la proposición, sino en la fuente de su justificación. Por eso afirmaciones como “2 + 2 = 4” se consideran a priori: no necesitamos realizar experimentos para comprobarlas; basta con entender los conceptos involucrados y operar con ellos.

Otros ejemplos ayudan a fijar la distinción. Sabemos que ningún triángulo tiene cuatro lados simplemente porque comprendemos qué es un triángulo. Del mismo modo, resulta evidente que algo no puede ser completamente rojo y completamente verde al mismo tiempo, o que no es posible que algo sea y no sea en el mismo sentido. En todos estos casos, la verdad se apoya en relaciones conceptuales o lógicas, no en observaciones del mundo.

En cambio, afirmaciones como que el agua hierve a 100 °C a nivel del mar, que los cuervos suelen ser negros o que los humanos tienen 46 cromosomas, solo pueden conocerse mediante investigación empírica. No hay análisis conceptual que permita deducirlas; dependen de cómo es efectivamente la realidad.

Pritchard señala además una asimetría interesante. Aunque cualquier verdad a priori puede, en principio, aprenderse empíricamente —por ejemplo, consultando un diccionario—, lo contrario no ocurre: ninguna verdad empírica puede conocerse sin recurrir, de algún modo, a la experiencia. Esto muestra que la vía empírica es, en cierto sentido, más amplia, pero también más dependiente del mundo.

Para ilustrar la diferencia, Pritchard recurre a la imagen del “conocimiento de sillón” (armchair knowledge): hay verdades que podemos alcanzar sin movernos, simplemente pensando, mientras que otras nos obligan a salir y confrontar la realidad. La distinción, en última instancia, revela que nuestro conocimiento se apoya en dos fuentes fundamentales: la razón y la experiencia. Comprender cómo operan y qué límites tienen es una de las tareas centrales de la epistemología.


¿Quieres saber más?  Busca: 

Bonjour, Laurence (2005) ‘A Priori Knowledge and Justification, Recent Work on’, Routledge Encyclopedia of Philosophy, <http://www.rep.routledge.com/article/P060?ssid=244041654 andn=2#>. An up-to-date survey of the issues regarding a priori knowledge and justifica- tion in the recent literature, written by one of the leading figures in the debate. Well worth a look. 

Comentarios