Más allá de lo extraño: hacia lo absurdo
Schick y Vaughn se enfrentan aquí a una objeción más radical. No basta con que alguien crea en fantasmas, telepatía o astrología; también puede sostener que no existen criterios racionales objetivos para decidir qué es verdadero.
Los autores discuten las siguientes ideas relativistas o escépticas, por ejemplo: que cada quien crea su propia verdad, que no existe una realidad objetiva, que las experiencias internas pueden ser formas superiores de conocimiento, que algo es verdadero simplemente porque “se siente” verdadero, o que la ciencia es únicamente otra forma de fe.
La tesis de Schick y Vaughn es que estas posiciones no son alternativas inocentes. Si se aceptan seriamente, ponen en peligro la posibilidad misma del conocimiento. Por ejemplo, afirmar que “no existe la verdad objetiva” parece autodestructivo: si esa afirmación es objetivamente verdadera, entonces existe al menos una verdad objetiva; pero si solo es “verdadera para quien la dice”, entonces no tenemos ninguna razón para que otros la acepten.
Los autores extraen tres consecuencias principales. Primero, algunas de estas posiciones, llevadas hasta sus últimas consecuencias, harían imposible conocer cualquier cosa. Segundo, quien las adopta reduce sus posibilidades de distinguir lo verdadero de lo falso. Tercero, rechazarlas permite recuperar una idea central: podemos conocer aspectos del mundo y la razón y la evidencia son nuestras mejores herramientas para hacerlo.
Por eso, el examen de afirmaciones extraordinarias conduce rápidamente a problemas filosóficos mucho más generales. Cuando alguien sostiene que una experiencia personal basta para establecer la verdad, o que existen diferentes “verdades” igualmente válidas, ya no estamos discutiendo solamente ovnis o fantasmas. Estamos discutiendo qué entendemos por verdad, realidad, conocimiento, justificación y racionalidad.
Un catálogo de lo extraño
A continuación, el libro presenta una amplia colección de creencias extraordinarias: experiencias cercanas a la muerte, sueños precognitivos, recuerdos de vidas pasadas, visión remota, predicciones psíquicas, interpretaciones místicas de la mecánica cuántica, apariciones, posesiones demoníacas, antiguos astronautas, homeopatía y el llamado fenómeno del “centésimo mono”.
Un muestrario de cosas extrañas
- Experiencias cercanas a la muerte (ECM). Personas que estuvieron cerca de morir describen experiencias recurrentes: sensación de paz, observar el propio cuerpo desde fuera, atravesar un túnel, encontrarse con una luz o con familiares fallecidos. Como las experiencias parecen extraordinariamente reales, algunos las consideran evidencia de vida después de la muerte.
- Sueños precognitivos. Algunas personas recuerdan haber soñado un acontecimiento que posteriormente ocurrió. El libro ejemplifica esto con alguien que sueña la caída y muerte de su padre y, semanas después, presencia un accidente semejante. La coincidencia puede generar la convicción de haber anticipado el futuro.
- Recuerdos de vidas pasadas. Bajo hipnosis, algunas personas narran supuestas existencias anteriores con numerosos detalles sobre lugares, épocas, idiomas o costumbres. Estos casos han sido interpretados como evidencia de la reencarnación.
- Visión remota (remote viewing). Supuesta capacidad para obtener información acerca de lugares geográficamente distantes sin utilizar los sentidos conocidos. El fenómeno llegó incluso a despertar interés militar durante la Guerra Fría y se realizaron experimentos para intentar comprobarlo.
- Predicciones psíquicas. Videntes, astrólogos y lectores de tarot afirman poder anticipar acontecimientos futuros. El libro presenta casos en los que aparentemente se predijeron acontecimientos muy improbables y pregunta cómo podemos determinar si realmente hubo una predicción precisa previa al acontecimiento.
- Mecánica cuántica y misticismo. Algunos interpretan ciertos fenómenos de la mecánica cuántica —especialmente el papel de la medición— como evidencia de que la conciencia crea la realidad o de que la física contemporánea confirma antiguas doctrinas místicas. Aquí la pregunta es si los resultados científicos realmente implican esas conclusiones filosóficas.
- Apariciones y fantasmas. Durante siglos existen testimonios de personas que aseguran haber visto figuras de individuos fallecidos o haber sentido la presencia de alguien invisible. Estas experiencias pueden ser extraordinariamente vívidas incluso en personas perfectamente funcionales, lo cual plantea la cuestión de cómo pasar de “experimenté una presencia” a “había realmente un espíritu presente”.
- Posesiones demoníacas. Personas o lugares en los que supuestamente actúan entidades sobrenaturales malignas. El libro menciona casos en los que ruidos, movimientos de objetos, olores, sensaciones corporales y otros fenómenos fueron interpretados como evidencia de demonios.
- Antiguos astronautas. La hipótesis de que seres extraterrestres visitaron antiguas civilizaciones y les proporcionaron conocimientos o tecnologías. Pirámides, las líneas de Nazca, mapas antiguos y determinados conocimientos astronómicos son presentados por sus defensores como indicios de esas visitas.
- Homeopatía. Sistema terapéutico basado, entre otros principios, en la idea de que “lo semejante cura lo semejante” y que una sustancia puede aumentar su eficacia mediante sucesivas diluciones. Algunas diluciones llegan al punto de que probablemente no quede ninguna molécula de la sustancia original. El conflicto aparece entonces entre testimonios de curación y conocimiento científico establecido.
- El “centésimo mono”. Una famosa historia sostiene que unos monos japoneses aprendieron a lavar papas y que, cuando suficientes individuos adquirieron la conducta, esta habría aparecido repentinamente en monos de otras islas, como si se hubiese alcanzado una especie de “masa crítica” mental. El relato se ha utilizado como evidencia de una conciencia colectiva: cuando suficientes individuos adquieren algo, el conocimiento podría transmitirse de una manera desconocida.
El propósito de esta enumeración no es simplemente ridiculizar estas creencias. Los autores quieren mostrar algo más interesante: muchas de ellas cuentan con experiencias, testimonios o argumentos que inicialmente pueden parecer convincentes. Una persona puede experimentar algo de manera intensamente real y, sin embargo, eso no basta todavía para demostrar que la explicación que atribuye a esa experiencia sea correcta.
Por ejemplo, alguien puede tener una experiencia cercana a la muerte extraordinariamente vívida. La experiencia es real en el sentido de que realmente la tuvo. Pero de ahí no se sigue automáticamente que exista vida después de la muerte. Del mismo modo, una coincidencia entre un sueño y un acontecimiento posterior puede ser sorprendente sin constituir todavía una prueba de precognición.
Aquí aparece una distinción que será fundamental para todo el libro:
una experiencia puede ser genuina sin que la interpretación que hacemos de ella sea verdadera.
Del pensamiento desiderativo al pensamiento crítico
Schick y Vaughn reconocen además que muchas creencias extraordinarias resultan atractivas porque describen un mundo que nos gustaría que existiera. Sería reconfortante saber que la muerte no es definitiva, que podemos predecir el futuro, que tenemos poderes desconocidos o que existe algún orden oculto en el universo.
Pero de que deseemos que algo sea verdadero no se sigue que lo sea.
Por eso debemos distinguir el wishful thinking, o pensamiento desiderativo, del pensamiento crítico. Pensar críticamente supone intentar poner entre paréntesis nuestros deseos, temores y prejuicios para evaluar la evidencia con la mayor imparcialidad posible.
La racionalidad, por tanto, no consiste en adoptar una actitud de incredulidad automática. No debemos rechazar algo simplemente porque parece extraño. Pero tampoco debemos aceptarlo porque nos resulte fascinante, consolador o coherente con nuestras expectativas. La cuestión siempre vuelve al mismo punto: ¿qué razones tenemos para pensar que es verdadero?
¿Importa realmente que nuestras creencias sean verdaderas?
Los autores anticipan entonces otra posible objeción: quizá no importe demasiado si una creencia es verdadera, siempre que resulte reconfortante o significativa para quien la sostiene.
Su respuesta es que sí importa, porque actuamos sobre la base de nuestras creencias.
Si nuestras creencias acerca del mundo son falsas, nuestras decisiones pueden fracasar. El ejemplo más evidente para ellos es la medicina: adoptar tratamientos ineficaces puede tener consecuencias económicas e incluso mortales. Pero el mismo principio se extiende a otras áreas. Las personas pueden gastar grandes cantidades de dinero en supuestos poderes psíquicos o tomar decisiones importantes basándose en información sin fundamento.
El problema tampoco es exclusivamente individual. Una sociedad democrática depende de ciudadanos capaces de evaluar afirmaciones, evidencias y argumentos. Si las personas carecen de herramientas para distinguir afirmaciones razonables de afirmaciones engañosas, se vuelven más vulnerables a la manipulación política, económica y social.
El pensamiento crítico adquiere así una dimensión ética y política: aprender a razonar correctamente no sirve solamente para ganar discusiones o resolver ejercicios académicos; influye directamente en la calidad de nuestras decisiones y en nuestra capacidad de actuar autónomamente.
El proyecto general del libro
El capítulo termina explicando el recorrido que seguirá el libro. Primero se estudiará qué caracteriza a las afirmaciones extraordinarias y qué factores psicológicos influyen en nuestras creencias. Después se analizarán conceptos más fundamentales: verdad, conocimiento y justificación.
Solo entonces aparecerá explícitamente la lógica, entendida como la estructura general que subyace al buen razonamiento. Posteriormente, los autores examinarán el método científico y desarrollarán procedimientos concretos para evaluar hipótesis y afirmaciones extraordinarias.
Esto revela algo interesante acerca de la arquitectura del libro: la lógica no aparece aislada, sino situada dentro de un problema epistemológico más amplio.
Primero preguntamos qué significa que algo sea verdadero,
qué significa saber algo
y cuándo una creencia está justificada.
Solo entonces podemos preguntar qué tipos de inferencia nos permiten pasar racionalmente de unas afirmaciones a otras.
El mensaje con el que termina esta introducción puede resumirse así: la calidad de nuestras decisiones depende de la calidad de nuestras creencias, y la calidad de nuestras creencias depende en buena medida de cómo razonamos para formarlas y justificarlas. Por eso aprender a pensar críticamente no es solamente una habilidad académica, sino una herramienta para orientarnos en el mundo.
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