Locke y la filosofía de la mente (III): ¿Qué nos hace ser la misma persona?

 

Locke y la filosofía de la mente (III): ¿Qué nos hace ser la misma persona?

1. ¿Seguimos siendo la misma persona cuando cambiamos?

Imaginemos que una mañana despertamos en el cuerpo de otra persona. Al abrir los ojos descubrimos unas manos que no reconocemos, un rostro diferente en el espejo y una voz que jamás habíamos escuchado. Sin embargo, recordamos perfectamente nuestra infancia, reconocemos a nuestros familiares y conservamos nuestros gustos, conocimientos y experiencias.

¿Quiénes somos?

Desde el punto de vista de quienes nos rodean, quizá seamos la persona cuyo cuerpo estamos ocupando. Nuestros documentos, nuestras huellas digitales y nuestra apariencia física corresponden a ese individuo. Pero desde nuestra perspectiva, seguimos siendo quienes éramos antes de despertar.

Ahora imaginemos la situación contraria. Conservamos nuestro cuerpo, nuestra apariencia y nuestros órganos, pero hemos perdido completamente nuestros recuerdos y no reconocemos ninguna de nuestras experiencias anteriores.

¿Seguimos siendo la misma persona?

Estas preguntas pueden parecer propias de una novela de ciencia ficción, pero tienen antecedentes filosóficos importantes. A finales del siglo XVII, John Locke desarrolló una teoría de la identidad personal que permitía plantearlas de manera especialmente precisa.

En el artículo anterior examinamos su explicación de la identidad de los objetos materiales y los organismos vivos. Vimos que, para Locke, una masa de materia conserva su identidad mientras mantiene exactamente sus componentes, mientras que un organismo vivo puede seguir siendo el mismo aunque cambie la materia que lo constituye.

Un árbol continúa siendo el mismo árbol mientras persista la organización que mantiene su vida. Algo semejante ocurre con los animales y los seres humanos.

Pero Locke considera que todavía debemos distinguir otra cuestión: seguir siendo el mismo ser humano no significa necesariamente seguir siendo la misma persona.

Esta distinción aparece en el capítulo 27 del libro II de su Ensayo sobre el entendimiento humano, titulado «De la identidad y la diversidad», incorporado en la segunda edición de 1694.

Su propuesta tendría consecuencias importantes para la filosofía de la mente, pero también para la moral y la religión. Porque si una persona puede seguir existiendo aunque cambie de cuerpo, o si puede dejar de ser la misma persona aunque conserve su organismo, entonces debemos preguntarnos qué es exactamente aquello a lo que atribuimos nuestras acciones, decisiones y responsabilidades.

2. ¿Qué es una persona?

Para comprender la teoría de Locke debemos comenzar con su definición de persona.

En el apartado 9 del capítulo «De la identidad y la diversidad», Locke caracteriza a una persona como un ser pensante e inteligente, dotado de razón y reflexión, capaz de considerarse a sí mismo como el mismo ser pensante en diferentes tiempos y lugares.

La definición contiene varios elementos.

En primer lugar, una persona posee capacidades cognitivas. Puede pensar, razonar y reflexionar.

En segundo lugar, no se limita a experimentar acontecimientos mentales. También puede reconocerse a sí misma como el sujeto de esas experiencias.

En tercer lugar, puede extender ese reconocimiento a diferentes momentos de su existencia.

Consideremos un ejemplo.

Recordamos que cuando éramos niños aprendimos a montar en bicicleta. Podemos imaginar la calle, las dificultades para mantener el equilibrio y la satisfacción que experimentamos cuando finalmente conseguimos avanzar sin ayuda.

Pero no recordamos simplemente que un niño aprendió a montar en bicicleta. Recordamos que nosotros aprendimos a hacerlo.

Nos reconocemos como el sujeto de aquella experiencia.

Esta capacidad de reconocernos a través del tiempo ocupa un lugar central en la teoría de Locke.

Conviene observar que su definición de persona no depende directamente de la pertenencia a una especie biológica.

En el artículo anterior examinamos su ejemplo de un loro capaz de hablar y razonar. Locke sostenía que ese animal no se convertiría en un ser humano simplemente por poseer capacidades intelectuales.

Sin embargo, si además pudiera reflexionar sobre sí mismo y reconocerse como el mismo individuo a través del tiempo, tendríamos razones para considerarlo una persona.

La distinción es importante.

Ser humano es pertenecer a determinada clase de organismo; ser persona implica ciertas capacidades de pensamiento, reflexión y autoconciencia.

En la vida cotidiana, ambas categorías suelen coincidir. Pero Locke considera que debemos distinguirlas filosóficamente porque responden a criterios de identidad diferentes.

3. La conciencia y la identidad personal

La propuesta más importante de Locke consiste en relacionar la identidad personal con la conciencia.

Según su explicación, la conciencia acompaña al pensamiento. Cuando percibimos, pensamos o experimentamos algo, tenemos conciencia de esa actividad.

Esta conciencia permite que nos reconozcamos como sujetos de nuestros pensamientos y experiencias.

Pero Locke va más lejos.

Sostiene que la identidad personal se extiende hacia el pasado en la medida en que la conciencia puede extenderse hacia acciones y pensamientos anteriores.

Pensemos nuevamente en nuestra infancia.

Podemos recordar una conversación que tuvimos hace muchos años. Al hacerlo, no sólo representamos un acontecimiento pasado. También lo reconocemos como algo que nosotros experimentamos.

Según Locke, esa continuidad de conciencia es fundamental para determinar la identidad de la persona.

El problema puede formularse mediante una pregunta:

¿Qué hace que el individuo que recuerda hoy una experiencia sea la misma persona que la experimentó anteriormente?

Una respuesta tradicional podría señalar que ambos poseen el mismo cuerpo. Otra podría sostener que comparten la misma alma.

Locke considera que ninguna de esas respuestas identifica adecuadamente aquello en lo que consiste la identidad personal.

La identidad del cuerpo permite explicar la continuidad de un organismo. La identidad del alma, si existe una sustancia espiritual, permitiría explicar la continuidad de esa sustancia.

Pero la identidad de la persona requiere considerar la conciencia.

Ahora bien, aquí debemos evitar una simplificación.

Con frecuencia se presenta la teoría de Locke afirmando que la memoria constituye la identidad personal. Esta interpretación tiene antecedentes históricos importantes y ha influido considerablemente en la discusión posterior.

Sin embargo, Locke habla principalmente de la continuidad o identidad de la conciencia, y no resulta evidente que debamos identificarla sin más con la memoria.

Recordar una experiencia es una manera especialmente importante de extender nuestra conciencia hacia el pasado. Pero queda abierta la cuestión de si Locke considera que la conciencia se reduce a los recuerdos o si constituye una relación más amplia entre diferentes momentos de nuestra vida mental.

Esta dificultad ha producido interpretaciones distintas entre los especialistas.

Por ahora podemos formular su tesis de manera prudente: para Locke, la identidad personal depende de la continuidad de la conciencia, mediante la cual un sujeto puede reconocerse como el mismo que realizó determinadas acciones o experimentó ciertos pensamientos anteriores.

Esta propuesta adquiere mayor claridad cuando examinamos sus experimentos mentales.

4. El príncipe y el zapatero

Uno de los ejemplos más famosos de Locke aparece en el apartado 15.

Imaginemos que el alma de un príncipe abandona su cuerpo y pasa al cuerpo de un zapatero, cuya propia alma lo ha abandonado.

Pero no se trata simplemente de trasladar una sustancia espiritual de un organismo a otro. Locke añade una condición fundamental: el alma del príncipe lleva consigo la conciencia de su vida anterior.

El individuo que despierta en el cuerpo del zapatero recuerda haber vivido en un palacio, haber recibido educación como príncipe y haber participado en los acontecimientos de su antigua vida.

Desde su perspectiva, sigue siendo el príncipe.

Sin embargo, su cuerpo es ahora el del zapatero.

¿Qué debemos concluir?

Locke sostiene que tenemos razones para afirmar que se trata de la misma persona que anteriormente era el príncipe, aunque ya no sea el mismo ser humano.

El organismo que encontramos es el del zapatero, pero la persona que se reconoce en sus pensamientos y acciones anteriores es la del príncipe.

El experimento permite distinguir tres cuestiones.

Podemos preguntar si permanece el mismo organismo, si permanece la misma sustancia pensante y si permanece la misma persona.

No tenemos por qué ofrecer la misma respuesta en los tres casos.

El ejemplo no pretende demostrar que las almas puedan trasladarse efectivamente entre cuerpos. Su función es conceptual: mostrarnos que la identidad de la persona y la identidad del organismo no significan necesariamente lo mismo.

Podemos imaginar que la persona continúa existiendo en otro cuerpo, siempre que conserve la continuidad de conciencia relevante.

Pero el experimento también plantea una dificultad.

¿Cómo podríamos determinar que quien despierta en el cuerpo del zapatero posee realmente la conciencia del príncipe y no simplemente una colección de recuerdos falsos?

Alguien podría creer sinceramente que fue un príncipe sin haberlo sido nunca.

La pregunta es importante porque nos obliga a distinguir entre tener la impresión de recordar una experiencia y haberla experimentado realmente.

Locke reconoce problemas relacionados con la posibilidad de atribuirnos experiencias que no nos pertenecen. Y las discusiones posteriores sobre su teoría se concentrarán precisamente en determinar qué clase de relación debe existir entre la conciencia presente y las acciones pasadas.

5. ¿Seguimos siendo la misma persona cuando dormimos?

Existe otra dificultad.

Si la identidad personal depende de la continuidad de la conciencia, ¿qué ocurre cuando dejamos de estar conscientes?

Pensemos en una noche de sueño profundo.

Nos acostamos, cerramos los ojos y despertamos varias horas después. Durante ese intervalo no recordamos haber experimentado absolutamente nada.

¿Dejamos de ser la misma persona mientras dormíamos?

La respuesta parece evidente desde nuestra experiencia cotidiana. No suponemos que cada mañana aparece una persona completamente nueva.

Pero la teoría de Locke exige explicar por qué.

El problema no consiste simplemente en determinar si nuestro organismo continúa viviendo durante el sueño. Sabemos que lo hace. La cuestión es si la continuidad corporal basta para garantizar la identidad personal.

Locke introduce distintos ejemplos para examinar la relación entre la conciencia, el sueño y la persistencia de la persona.

Uno de ellos consiste en imaginar a Sócrates despierto y dormido. Otro plantea la posibilidad de que un mismo organismo albergue dos conciencias que nunca compartan sus experiencias, una durante el día y otra durante la noche.

Supongamos que durante el día un individuo trabaja como comerciante, conversa con sus familiares y recuerda todo lo que ha hecho en jornadas anteriores.

Pero cuando se queda dormido aparece otra conciencia, con experiencias, recuerdos y proyectos completamente distintos. Esta segunda conciencia no recuerda nada de la vida diurna.

Al despertar, el comerciante tampoco recuerda lo ocurrido durante la noche.

¿Tenemos una persona o dos?

Si identificamos la persona exclusivamente con el organismo, deberíamos responder que se trata de una sola.

Pero si la identidad personal depende de la continuidad de conciencia, parece posible sostener que existen dos personas asociadas con el mismo organismo en diferentes momentos.

La finalidad del ejemplo es mostrar que la continuidad corporal no determina por sí sola la identidad personal.

Sin embargo, debemos distinguir este experimento imaginario de lo que ocurre normalmente durante el sueño.

No recordar experiencias durante varias horas no demuestra automáticamente que nuestra identidad personal se haya interrumpido. El problema de cómo interpretar esas interrupciones de conciencia es precisamente uno de los puntos debatidos de la teoría.

Algunos intérpretes sostienen que Locke permite explicar la continuidad personal mediante relaciones de conciencia que no exigen una experiencia consciente ininterrumpida. Otros consideran que su propuesta enfrenta dificultades importantes cuando intentamos determinar qué ocurre durante los intervalos de inconsciencia.

Lo que parece claro es que Locke no pretende afirmar que cada mañana somos necesariamente una persona nueva.

Su propósito es mostrar que la identidad personal no puede explicarse simplemente mediante la permanencia de un cuerpo.

6. ¿Necesitamos conservar la misma alma?

Hasta ahora hemos considerado la relación entre identidad personal y continuidad corporal.

Pero Locke también cuestiona otra concepción tradicional: la idea de que seguimos siendo la misma persona porque conservamos la misma alma.

Para comprender el problema debemos recordar una propuesta examinada en el primer artículo de esta serie.

Locke consideraba que desconocemos suficientemente la naturaleza de las sustancias como para demostrar que el pensamiento requiere necesariamente una sustancia inmaterial.

No podemos descartar que Dios haya otorgado la capacidad de pensar a determinados sistemas materiales.

Por tanto, no sabemos con certeza si aquello que piensa en nosotros es una sustancia espiritual o algún tipo de sistema material.

Ahora bien, si desconocemos la naturaleza de la sustancia pensante, ¿por qué deberíamos hacer depender nuestra identidad personal de ella?

Locke plantea dos posibilidades.

La primera es que una misma conciencia pueda mantenerse aunque cambie la sustancia que piensa.

Imaginemos que nuestros pensamientos y experiencias pudieran continuar en otra sustancia. Si la conciencia mantiene la continuidad relevante, Locke considera posible que persista la misma persona.

La segunda posibilidad es la inversa: una misma sustancia pensante podría permanecer, pero sin conservar la conciencia que la vinculaba con determinadas acciones anteriores.

En ese caso, la permanencia de la sustancia no garantizaría necesariamente la permanencia de la misma persona.

La conclusión es importante:

La identidad de una misma alma no es, por sí sola, una condición necesaria ni suficiente para la identidad personal.

Esto no significa que Locke niegue la existencia del alma. Tampoco significa que defienda inequívocamente una teoría materialista de la mente.

Su argumento es más limitado.

Aunque aceptáramos la existencia de sustancias espirituales, todavía necesitaríamos explicar qué hace que una persona siga siendo la misma a través del tiempo.

Y para Locke la respuesta debe buscarse en la conciencia, no simplemente en la identidad de la sustancia.

7. ¿Quién debe responder por nuestras acciones?

Hasta aquí podría parecer que Locke está interesado únicamente en resolver un problema metafísico: determinar qué condiciones permiten afirmar que una persona continúa existiendo a través del tiempo.

Pero su teoría tiene también una dimensión moral.

En el apartado 26, Locke sostiene que «persona» es un término forense.

La expresión puede resultar extraña para un lector contemporáneo. No significa que Locke esté hablando de investigaciones criminalísticas en el sentido actual.

Un término forense es, en este contexto, un concepto relacionado con la atribución de acciones, méritos, responsabilidades, recompensas y castigos.

Una persona es un agente al que podemos atribuirle lo que ha hecho.

Pensemos en alguien que cometió un robo hace veinte años.

Durante ese tiempo su cuerpo ha cambiado. Ha perdido y reemplazado materia, ha envejecido y quizá ha desarrollado capacidades que no poseía cuando cometió el delito.

Sin embargo, normalmente consideramos que sigue siendo responsable de aquella acción.

¿Por qué?

No porque conserve exactamente las mismas partículas materiales, sino porque atribuimos la acción pasada al mismo sujeto.

La teoría de Locke introduce aquí una condición adicional: la relación entre la conciencia presente y la acción anterior.

Si una persona puede reconocer una acción pasada como propia, esa acción forma parte de la historia que puede atribuirse a sí misma.

Pero ¿qué ocurre cuando alguien no recuerda haber cometido un delito?

El problema es especialmente difícil.

Imaginemos a un individuo que cometió una falta grave y después perdió completamente la memoria de lo ocurrido.

Su organismo continúa existiendo. Los testigos pueden identificarlo y existen pruebas de que fue quien realizó la acción.

¿Debemos considerarlo moralmente responsable?

Locke distingue aquí entre las condiciones de la identidad personal y las prácticas humanas de atribución de responsabilidad.

Los tribunales humanos no pueden conocer directamente la conciencia de una persona. Por eso deben recurrir a evidencias externas y, en determinadas circunstancias, pueden castigar a un individuo aunque éste no recuerde la acción.

Locke reconoce esa limitación de nuestros juicios.

Pero su concepción de la justicia divina introduce otra posibilidad.

En el juicio final, Dios podría conocer perfectamente la conciencia de cada persona y atribuirle únicamente aquellas acciones que realmente le pertenecen.

Este contexto religioso no es un detalle secundario.

La preocupación por la resurrección y el juicio divino ayuda a comprender por qué Locke considera importante distinguir entre la identidad del cuerpo, la del alma y la de la persona.

Si una persona resucitara en un cuerpo diferente, todavía sería necesario explicar por qué se trata del mismo sujeto que realizó determinadas acciones durante su vida anterior.

La continuidad de conciencia ofrece a Locke una respuesta.

Sin embargo, su propuesta también produce dificultades filosóficas que pronto fueron señaladas por sus críticos.

8. Butler: ¿no estamos suponiendo aquello que queremos demostrar?

Una de las críticas más importantes fue formulada por Joseph Butler, filósofo y obispo inglés del siglo XVIII.

Butler cuestionó la idea de que la conciencia o la memoria pudieran constituir la identidad personal.

Su objeción puede explicarse mediante un ejemplo.

Supongamos que recuerdo haber visitado una ciudad cuando era niño.

Para que ese recuerdo sea auténtico, parece necesario que yo haya sido realmente quien realizó aquella visita.

Si nunca estuve en esa ciudad, entonces mi experiencia presente podría ser una imagen mental, una fantasía o un falso recuerdo, pero no un recuerdo genuino de algo que hice.

Ahora bien, si para recordar una experiencia pasada debo haber sido el sujeto que la experimentó, parece que la memoria presupone la identidad personal.

Y si la presupone, no puede utilizarse sin más para explicarla.

Éste es el núcleo de la objeción de circularidad.

La teoría parece afirmar que somos la misma persona porque recordamos determinadas experiencias.

Pero para que esas experiencias sean recuerdos nuestros, ya debemos ser la misma persona que las experimentó.

La identidad personal aparece, por tanto, tanto en aquello que pretendemos explicar como en la explicación ofrecida.

La objeción es importante, aunque su alcance depende de cómo interpretemos a Locke.

Si consideramos que su teoría identifica completamente la conciencia con la memoria, la crítica parece especialmente fuerte.

Pero si sostenemos que la conciencia es una relación más amplia, que no se reduce a recordar experiencias, debemos examinar si la circularidad continúa siendo inevitable.

En cualquier caso, Butler obliga a formular una distinción fundamental: una cosa es el procedimiento mediante el cual reconocemos nuestra identidad y otra aquello que hace que seamos realmente el mismo individuo.

La memoria puede ayudarnos a descubrir quiénes somos sin constituir necesariamente nuestra identidad.

9. Reid y el oficial valiente

Thomas Reid, filósofo escocés del siglo XVIII, formuló otra objeción célebre.

Su experimento mental se conoce como el caso del oficial valiente.

Imaginemos a un niño que es castigado por robar fruta de un huerto.

Años después, ese niño se convierte en un joven oficial. Durante una batalla realiza una acción heroica y, en ese momento, todavía recuerda perfectamente el castigo que recibió cuando era pequeño.

Muchos años más tarde, el oficial se convierte en un general anciano.

El general recuerda la hazaña militar que realizó cuando era joven, pero ha olvidado completamente el episodio del castigo infantil.

Tenemos entonces tres momentos de una misma vida.

El niño que fue castigado.

El joven oficial que recuerda haber sido castigado.

El general anciano que recuerda haber sido el joven oficial, pero no recuerda el castigo.

Ahora examinemos las consecuencias de una teoría que identifica la identidad personal con la memoria directa.

El joven oficial sería la misma persona que el niño, porque recuerda su experiencia.

El general sería la misma persona que el joven oficial, porque recuerda su hazaña militar.

Pero el general no sería la misma persona que el niño, porque no recuerda el castigo.

La conclusión es problemática.

Si el general es la misma persona que el oficial, y el oficial es la misma persona que el niño, entonces el general debe ser la misma persona que el niño.

La identidad posee una propiedad lógica conocida como transitividad.

Si A es idéntico a B y B es idéntico a C, entonces A es idéntico a C.

Pero el criterio basado en el recuerdo directo parece producir una relación que no respeta esa propiedad.

La objeción de Reid muestra que recordar directamente una experiencia no puede constituir, sin dificultades adicionales, una condición necesaria para seguir siendo la misma persona.

Sin embargo, también debemos ser cuidadosos al atribuir esta consecuencia a Locke.

Como hemos señalado, existe una discusión sobre si su teoría debe interpretarse estrictamente como una teoría de la memoria o como una propuesta más amplia acerca de la continuidad de conciencia.

Además, algunos filósofos posteriores han intentado resolver el problema mediante la noción de continuidad psicológica.

Según estas propuestas, no sería necesario recordar directamente todas nuestras experiencias pasadas. Podría bastar con que existiera una cadena de conexiones psicológicas entre diferentes etapas de nuestra vida.

El general recuerda al oficial, y el oficial recordaba al niño. Aunque el general ya no recuerde directamente la infancia, existe una continuidad entre los diferentes momentos.

Pero esta respuesta pertenece a desarrollos posteriores del debate. No debemos atribuírsela automáticamente a Locke.

10. ¿Somos nuestros recuerdos?

La teoría de Locke transformó la discusión sobre la identidad personal porque cuestionó una suposición que durante mucho tiempo había parecido evidente: que para seguir siendo la misma persona debíamos conservar la misma sustancia.

Esa sustancia podía entenderse como un cuerpo material o como un alma inmaterial.

Locke propuso que la identidad de la persona debía examinarse desde otra perspectiva: la continuidad de la conciencia.

Su propuesta permite comprender por qué podemos distinguir entre la permanencia de un organismo y la permanencia de una persona.

También explica por qué podemos imaginar que una persona continúe existiendo en otro cuerpo, como ocurre en el ejemplo del príncipe y el zapatero.

Sin embargo, la teoría enfrenta problemas importantes.

Si la conciencia puede interrumpirse durante el sueño, debemos explicar cómo se conserva la identidad personal a pesar de esas interrupciones.

Si la memoria desempeña un papel fundamental, debemos distinguir los recuerdos auténticos de los falsos.

Si nuestras experiencias pasadas determinan nuestra identidad, debemos explicar qué ocurre cuando olvidamos algunas de ellas.

Y si la identidad personal fundamenta la responsabilidad moral, necesitamos determinar cuándo una acción pasada puede atribuirse justamente a una persona presente.

Las objeciones de Butler y Reid muestran que estas preguntas no pueden resolverse simplemente afirmando que somos aquello que recordamos.

Pero quizá el aspecto más interesante de la propuesta de Locke no sea su solución definitiva al problema, sino la distinción conceptual que introduce.

Podemos ser el mismo organismo sin conservar todas nuestras experiencias anteriores.

Podemos conservar ciertas capacidades cognitivas aunque nuestra personalidad cambie profundamente.

Podemos recordar acciones que realizamos hace muchos años y, al mismo tiempo, descubrir que nuestras creencias, deseos y proyectos actuales son muy diferentes.

La pregunta es qué tipo de continuidad resulta relevante para afirmar que seguimos siendo la misma persona.

Locke considera que la respuesta debe relacionarse con nuestra capacidad de reconocernos como sujetos de nuestras experiencias y acciones.

Sin embargo, su teoría también permite advertir que la identidad personal no es únicamente un problema acerca de lo que permanece cuando cambiamos.

Es también un problema acerca de qué acciones podemos reconocer como nuestras, de cuáles somos responsables y qué significa considerarnos el mismo sujeto a través del tiempo.

En el primer artículo de esta serie preguntamos si la materia podía pensar.

En el segundo examinamos qué permite que un organismo conserve su identidad a pesar de sus transformaciones materiales.

Ahora hemos visto que, para Locke, ninguna de esas cuestiones resuelve por sí sola el problema de la identidad personal.

Podemos conocer la composición de un cuerpo y comprender la continuidad de su vida sin haber explicado todavía qué hace que una persona sea la misma.

Y tal vez ésa sea una de las contribuciones más importantes de Locke a la filosofía de la mente: mostrar que las preguntas «¿de qué estamos hechos?», «¿qué nos mantiene vivos?» y «¿qué nos hace ser nosotros mismos?» no necesariamente tienen la misma respuesta.


Referencias

Butler, J. (1736). The Analogy of Religion, apéndice I, «Of Personal Identity».

Gordon-Roth, J. (2025). «Locke on Personal Identity». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. https://plato.stanford.edu/entries/locke-personal-identity/

Locke, J. (1690/1694). An Essay Concerning Human Understanding, libro II, capítulo 27, «Of Identity and Diversity».

Reid, T. (1785). Essays on the Intellectual Powers of Man, ensayo III, capítulo 6.

Thiel, U. (2011). The Early Modern Subject: Self-Consciousness and Personal Identity from Descartes to Hume. Oxford University Press.

Uzgalis, W. «Some Issues in Locke's Philosophy of Mind». Suplemento de «John Locke», The Stanford Encyclopedia of Philosophy. https://plato.stanford.edu/entries/locke/supplement.html

Nota sobre el texto

Este artículo es una reconstrucción divulgativa de la teoría de la identidad personal de Locke y de algunas de las principales discusiones filosóficas que produjo. Se ha tomado como fuente primaria el capítulo 27 del libro II del Ensayo sobre el entendimiento humano, complementado con las entradas especializadas de la Stanford Encyclopedia of Philosophy.

Los experimentos mentales del príncipe y el zapatero, así como las discusiones sobre el sueño, la conciencia y la responsabilidad moral, proceden de Locke. Las objeciones de circularidad y del oficial valiente pertenecen, respectivamente, a Butler y Reid. Los ejemplos contemporáneos y las transiciones narrativas son recursos de esta exposición.

La interpretación de la conciencia lockeana sigue siendo objeto de discusión. Por ello, el artículo distingue entre las afirmaciones explícitas de Locke, las interpretaciones que identifican conciencia y memoria, y las teorías posteriores de continuidad psicológica.

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