Epistemología 11.2 Problemas del argumento por analogía


 Aunque el argumento por analogía parece inicialmente una respuesta natural al problema de otras mentes —“yo sé que tengo mente; otros se comportan como yo; por tanto, probablemente tienen mente”—, Pritchard muestra que este razonamiento tiene un defecto profundo.

El problema fundamental es que el argumento por analogía no respeta las condiciones mínimas de un buen razonamiento inductivo

La inducción sólo funciona cuando se razona desde una muestra representativa hacia una generalización. Pero el argumento por analogía parte de un único caso: mi propio caso.

Pritchard ilustra esto con el ejemplo de las cajas cafés:

  • Saber que una caja café contiene un libro no justifica inferir que otras cajas cafés también lo contienen.

  • Para que la inferencia fuera legítima necesitaríamos haber observado un gran número de cajas cafés, en muchos contextos, todas con libros.

El argumento por analogía funciona igual de mal: sólo tenemos acceso a una mente, la nuestra. A partir de esa única instancia, inferimos cómo son todas las demás. Este razonamiento es análogo al primer argumento de las cajas cafés: inválido porque parte de un caso no representativo.

Pritchard subraya que, para que la analogía fuera sólida, deberíamos tener razones independientes para pensar que nuestro caso mental es representativo de todos los casos. Pero ¿cómo podríamos saber eso sin ya asumir que existen otras mentes y que son similares a la nuestra? Eso sería petición de principio.

Así, el argumento por analogía termina siendo circular o inductivamente inválido: no puede establecer la existencia de otras mentes sin presupone lo que intenta demostrar.

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